viernes, 22 de abril de 2011

Otro poema más

La luz que se refleja
en las pequeñas gotas de sudor
hace que tu cuerpo reluzca más 
que los diamantes. 
No puedo dejar de mirar
tu cuerpo desnudo bajo el mío, 
tu pelo abierto en abanico
y tus uñas en mi espalda. 
Si el deseo tuviera nombre, 
ese nombre sería el tuyo
y el mío, cuando gritas entre
espasmos y deliras de pasión. 
Teniendo solo ese instante
reflejado en mi memoria, 
despierto del sueño de un cuerpo
sin cara, ni nombre, ni piel, ni alma.

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